LA VERDAD SOBRE LA SALUD

Mi nombre es Dominico Rolizzi.  Tengo 62 años y he pasado una vida entera trabajando como médico e investigador científico especializado en bacteriología. Me he desempeñado como asesor en jefe de nosología para instituciones como la Organización Mundial de la Salud, ONU y Comunidad Europea.   He sido catedrático en distintas universidades del mundo y soy considerado una eminencia en la clasificación y entendimiento de las enfermedades humanas actuales.

Seguramente estas serán las últimas palabras que voy a poder escribir y compartir de alguna forma.  En parte porque seguramente lo que voy a revelar aquí aumentará notablemente el número de mis enemigos y en parte porque una insuficiencia renal congénita me está quitando rápidamente los días de vida y la situación actual no me permite acceder a los medicamentos y los procedimientos que me puedan ayudar. 

Sin embargo, no quisiera irme de este mundo sin poder compartir la verdad.  Y ¿qué mejor momento que éste?, en donde el poder del pueblo está volviendo al pueblo y el control de los grupos económicos y gobiernos se evapora al perder una de sus armas más disuasivas: el dinero.  Aquí va mi aporte para poder quitarles otra arma más.

Todos los datos que escribo están sustentados en una investigación privada pero exhaustiva iniciada por mi persona hace 40 años y continuada por mis dos hijos, médicos y grandes científicos que encontraron, cada uno, una muerte por demás sospechosa en el transcurso de su investigación durante los meses de Junio y Agosto del año 2011. 

Ni un día que pasa dejo de atribuirme la culpa por haberlos metido en esto.  Nuestros enemigos son grandes y rencorosos y yo debí haberlo advertido.  Solo he visto puertas cerradas y amenazas desde que intenté hacer pública su investigación.

Desde su fallecimiento he vivido escondido, amedrentado y perseguido, esperando que algún acontecimiento encamine las cosas.   Siento, por alguna extraña razón, que ese momento ha llegado.

En 1951, a pocos años del fin de la Segunda Guerra Mundial, con un rumor creciente sobre el uso de armas químicas y un mejor control sobre los agentes patológicos en el mundo; un grupo de altos mandos de varios países industrializados se reunieron secretamente en suelo suizo para definir los parámetros del uso y aplicación de un plan macro diseñado por el servicio de inteligencia alemana previa al nazismo.  

Este plan, en breves rasgos, tenía como objetivo principal poseer un mejor control sobre el tratamiento de enfermedades genéricas y cotidianas para así comprometer la dependencia de los habitantes a sus medicinas, atenuantes y sistemas oficiales de salud. 

Se estandarizó la normativa a la hora de aprobar el uso y comercialización de medicamentos, se definieron los fondos para investigación, se repartieron funciones, impuestos, aranceles, partidas y beneficios. 

Pero por sobre todo y como principal resultado de la reunión, se creó un precedente que avalaba el uso de todos los medios para limitar, editar y esconder la información y las investigaciones sobre salud del común de los habitantes del mundo.

 Con el tiempo los proyectos se fueron concretando y los intereses se fueron capitalizando.  Los países empezaron a ver una importante fuente de ingresos en la producción de medicinas y una posibilidad única de control, mediante las enfermedades y los consiguientes sistemas de salud, sobre sus ciudadanos.

Al momento la cura definitiva para las enfermedades más comunes en el mundo existe pero está restringida por los distintos gobiernos que prefieren mantener, de alguna forma, a su sociedad débil, dependiente y consumista.   En el documento que acompaña este escrito podrán ver la lista completa y los compuestos que inhiben la gran cantidad de males que aquejan a la sociedad.

Muchos de los alimentos que se consumen en el mundo son, a sabiendas, causantes de gran cantidad de los males y complicaciones de salud, pero se mantienen en el mercado, por debajo de la censura oficial, precisamente para generar este debilitamiento del sistema humano y su consiguiente dependencia a medicinas y atención médica.

Hasta ese punto no entendíamos bien el porqué del silencio de ciertas instituciones involucradas en este proceso y que se preciaban de ser veladoras del bien común.

Cuando nos hallábamos en medio de esta investigación que seguramente ha sido ya mencionada y denunciada por otros grupos y personas, nos encontramos frente a uno de los casos más graves de esta manipulación.  Nos topamos con el virus del VIH y su contagio como una pandemia mundial.  Las posibilidades de su investigación y el avance en la búsqueda de una cura han sido sistemática y poderosamente coartadas por distintas organizaciones y grupos de poder representando a la iglesia católica y al papado vaticano.   

Yo perdí dos hijos que lograron llegar a descubrir toda una red de contagio y proliferación del virus, programada por miembros de la iglesia católica, y que data de principios de los años 60. 

Mis dos hijos, a los que dedico estas palabras, tras años de incansable búsqueda y pesquisa, lograron desenmarañar y descubrir cómo la iglesia católica, con la venia de varios líderes mundiales, se encargó de usar el SIDA como ejemplificación de los castigos divinos para los pecados terrenales. 

Lamentablemente no tengo pruebas que sustenten mis sospechas sobre el hecho de que la mutación del virus fue un esfuerzo de organismos afines al Estado Vaticano, pero si puedo comprobar, gracias a la información que recuperé tras el extraño incendio que cegó la vida de mi hijo mayor, que son los responsables de proliferarlo mediante sus misiones africanas de los años 60 y responsables también de la posterior presión que ha ejercido por los últimos 40 años para evitar una correcta búsqueda de su antídoto.

Para la iglesia, el virus del SIDA fue su tabla de salvación como contrapeso para la revolución sexual y la poca afinidad de las nuevas generaciones con sus teorías retrógradas.  Razón por la cual han impulsado la lucha contra el homosexualismo, la promiscuidad y el uso de preservativos.    La aplicación de esta evidente manipulación tuvo un resultado inmediato gracias a la cantidad de gente que volcó sus ojos a la iglesia, tomando el virus como un mal venido desde el cielo y un castigo por el libertinaje y el descontrol.

Solo espero que la muerte de mis hijos Filipo y Gian, de las que responsabilizo directamente al Vaticano, no hayan sido en vano y el mundo tenga la valentía de enfrentar la verdad.

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